sábado, 28 de agosto de 2010

DE LOS NAVEGANTES EN SOLEDAD


Las ceremonias iniciales de este otoño, tienen las certezas que buscamos en los largos días del estío. En ellas asumimos la intima melancolía que nos hemos mentido durante todas las otras estaciones, brotan durante los ritos de la llovizna y los ocres primordiales los recuerdos de otros otoños, con la claridad sencilla e inconmovible que solo la nostalgia puede darle a las cosas. Es allí entonces donde se cumplen los presagios, las intenciones y las delicadas esperanzas de las almas condenadas a no encontrar nunca el sosiego. La primera lluvia que nos despierta a medianoche hace germinar la semilla de tristeza sembrada en alguna infancia perdida ya para siempre y que florece ahora como la más intima sensación de soledad. El protocolo de este otoño me renovó la seguridad absoluta de que sigo siendo solo. Y en este dominio extenso de las hojas secas y los crepúsculos esplendorosos, deberé aprender el porque no fuimos mañana, deberé encontrar los trabados caminos del retorno, y deberé por fin, recibir el esperado don del olvido.


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DE LOS VIAJES POR LA OSCURIDAD


Había años sin más esperanza que los días de lluvia a la orilla de un invierno de sombras, de imágenes difusas, de iconos semiderruidos por otras estaciones. Fueron los largos e interminables años de la oscuridad y del silencio. De esperarte.


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miércoles, 11 de agosto de 2010

DE LOS CICLOS DE LOS CIELOS


Volveré un día en alguna noche de primavera, fresca y olorosa a las flores blancas del ciruelo de mi infancia, sin ruidos ni presencias, con el alma brillante, quieta, insensible, olvidado de las cosas, los años y las gentes, al descanso perdido del polvo eterno, y así, esparcido por fin en este universo sin tiempo, sabré que pertenezco al todo y poseeré la certeza de ir a ser mañana el helecho exuberante que acompañara la rosa roja que miraran los ojos de tu mañana, o la piedra inverosímil en que el indio molerá el maíz de tu estirpe. Volveré a ser ese polvo definitivo, ausente de mi mismo pero omnipresente a través de los días y los días, y mas aun, después que estos días y soles desaparezcan en el ciclo infinito de los tiempos, participare nuevamente desperdigado en los cúmulos resplandecientes de los nuevos universos. Ya sin dolor ni esperanzas compartiré la fiesta inicial del primer amanecer, disuelto en las nubes que traerán la primera lluvia y también en la tierra ardiente que comenzara a construir la semilla que traerá el germen inevitable del dolor y la esperanza que me habitarán, estoy seguro, cuando sea otra vez, como ahora, esta mi hora.


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domingo, 8 de agosto de 2010

DE LOS CONTINENTES NUEVOS


Y ayer fue un día con una tarde donde no estabas, no era bueno entonces el día sin ti, sin la intima convergencia que me permite resistir las torpes intranscendencias de lo cotidiano, con la impronta de desolados desiertos, repartido en los resecos fragmentos del olvido y en las pequeñas e intranscendentes cosas del día, omitiendo las palabras para no confundir aun mas los sueños, a veces suponiendo que en la delicada turbación de tu cercanía habré de encontrar al fin la fuerza cósmica que me arrastrara trágico y solo, no a la fatua victoria, que se ya inútil, sino a las legitimas derrotas que cada uno a su hora y su mundo debe inevitablemente afrontar.


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