A los acostumbrados asombros del otoño, su lluvia nada más, el amarillo ocre de las hojas, el rojo fuego del crepúsculo, el viento tenaz y frío de la tarde, debo esta vez agregar la persistencia recurrente de tu recuerdo. Es entonces que desconociendo la tregua de los días sin ti he buscado en la penumbra monótona de las vísperas tu última imagen, el tacto retardado por la distancia, la suave reverberancia de tu voz en alguna tarde de silencios. Hacia donde no estabas, hacia esos lugares de ausencia siniestra en que tu te escondes cuando estoy lejos, hacia ese rumbo desconocido de la memoria he de ir a confirmar en el rito secreto de mis sinrazones la tristeza que hay en mi de ti.
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