Y entonces seguir el rastro perdido de la hechicera y sus magias por los desfiladeros del miedo y de las sombras, por los senderos de nostalgia en la selva de su nombre, por la infinita llanura de los sueños que aun no le he cumplido, guiado en esa geografía única e intima por el resplandor incandescente de la memoria de sus ojos o el tacto de su pelo.
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