La desolada estación de desastres, de huracanes y ventoleras, con su marea grande de memorias que arrastrará por los días los vestigios destruidos de tu imagen, es la misma que a determinada hora y rumbo ira con la misma furia a generar el oleaje de esperanza que hará zarpar el velero clandestino de mis sueños a la próxima isla de desventura donde habitaré asustado los próximos días, meses o años, según se cumpla el sino de tristeza que me habita.
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